La contaminación medioambiental es un problema global provocado por la emisión de desperdicios y sustancias que, bien por sí mismas o por el efecto de la reacción química, provocan daños muy importantes en el entorno en el que vivimos.

El cambio climático, a consecuencia de los gases de efecto invernadero que lanzamos a la atmósfera, la deforestación, la sequía y escasez de agua o los vertidos tóxicos amenazan y ponen en peligro el futuro de nuestro planeta.

El aire que respiras, el agua con la que te hidratas, los alimentos que consumes... La contaminación es una cuestión que afecta a todos los ámbitos de nuestra vida tanto a corto como a largo plazo y puede acarrear consecuencias fatales.

El plástico, uno de los grandes culpables de la crisis mundial que vivimos

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El plástico es, sin lugar a dudas, uno de los principales responsables de esta crisis mundial de la que seguro estás al tanto. Cada año producimos en todo el globo unos 300 millones de toneladas, lo que equivale a 40 kilos por persona. De ellos, unas ocho millones de toneladas se convierten en basura que acaba, generalmente, en los mares y océanos; un material que puede tardar siglos en degradarse.

Según un informe del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), esta circunstancia genera un peligro considerable de que se produzca un deterioro irreparable en los ecosistemas marinos y, por tanto, en la biodiversidad.

El impacto en la fauna es evidente, pues se calcula que más de un 60 % de todas las especies de aves marinas y alrededor de 700 tipos de vertebrados tienen restos de plástico en su organismo. Muchos mueren por la ingesta y otros por estrangulamiento.

La contaminación química, una amenaza silenciosa

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Sin embargo, la contaminación química que produce el plástico parece invisible a nuestros ojos, aunque se ha convertido en una amenaza silenciosa que puede traernos consecuencias fatales . Los polímeros, derivados del petróleo, son sus principales componentes, a los que se añaden estabilizantes, antibacterianos, filtros solares, retardantes, plastificantes, etc.

En total, se estima que hay más de 3000 sustancias químicas que se asocian a los plásticos, de las cuales más de 60 suponen un riesgo muy elevado para la salud. Nos referimos a aditivos como bisfenoles, metales pesados o ftalatos. Producen una toxicidad crónica que puede provocarte cáncer, infertilidad, diabetes, enfermedades cardiovasculares o degenerativas, entre otras.

El peligro radica en que puedes llegar a ingerirlos sin ser consciente, ya que llegan al pescado que consumes a través de los microplásticos que acaban en el aparato digestivo de estos animales. Reducir drásticamente la producción de plástico es un objetivo común que ya se imponen numerosos países.

Acabar con la contaminación medioambiental pasa, en conclusión, por generar conciencia social y que todos seamos capaces de asumir que en nuestra mano está salvar el planeta.